El pontificado de Francisco se caracterizó por su enfoque humanitario y su llamado al diálogo en tiempos de crisis global.

Desde su elección, Jorge Mario Bergoglio se propuso ser un “Pastor del mundo”, renunciando a la polarización política de su país para abrir la Iglesia a las realidades del dolor y la esperanza de todos los pueblos.
Su encíclica “Laudato sí” y su insistencia en el diálogo interreligioso reflejan su compromiso con la justicia ambiental y la fraternidad, convirtiendo al Vaticano en un actor activo en la búsqueda de paz.
Recordado por su sencillez y cercanía, Francisco dejó una huella profunda en la Iglesia, enfatizando que la espiritualidad debe manifestarse en la vida cotidiana y en el apoyo a los más vulnerables.

